lunes, 17 de marzo de 2008

Patagonia, la ultima esperanza

Dice la leyenda, no documentada, que un barco procedente de la isla dálmata de Brač, Croacia, arribó a estas tierras tras una avería o una confusión de destino. Se quedaron, los croatas. Aquello ocurrió entre 1880 y 1920. Da igual. El sufrimiento y la esperanza no debían ser muy lejanos. Unos venían en búsqueda de oro, otros de salitre, algunos se hicieron ganaderos, otros comerciantes. Todos prosperaron. Los que se quedaron y los que se trasladaron, más al Norte, a Antofagasta buscando mejores condiciones climáticas y el pan, sobre todo eso, el pan.
He pensado mucho en ellos. No tengo datos sobre el atraque accidentado o no. Pero me imagino el desembarco. Familias enteras, hombres solitarios, madres con niños, polizones, jóvenes emprendedores que hoy serían considerados niños. Todos curtidos, expresiones cansadas, fatigados por los meses de navegación, con el sol, el viento y la lluvia rasgando sus rostros. Antes no había cremas. Su piel debió sufrir harto. Sus vestiduras, paños gruesos, descoloridos, húmedos, sucios, envueltos en mil capas.

Sus expresiones les delatan: contrariados, confusos, los veo descendiendo por la escalerilla hasta la lancha que les llevará a tierra. Algunos lloran de emoción. En lo más al fondo de su ser hay una fuerza que aún les mantiene vivos, se llama esperanza. Nuevas tierras. ilusiones. Ahora comienza el trabajo duro: la adaptación, construir con la herencia que traen.

¿Fue en invierno, fue en verano?.
Determinante. El primero es largo, duro, como jamás lo hubiesen imaginado; el segundo intempestivo, engañoso. Les deseo que llegasen con el sol, con el segundo. El invierno aquí ha de ser de infierno, helado, Vientos, más vientos. Lluvia, nieve. Paralelo 52 Sur. Muy al Sur.

Efectos del viento
El clima nos hace, nos configura. Tenemos la necesidad de adaptarnos a él. Vivimos en función de la metereología, de lo que dicta la naturaleza. El viento no podía ser menos. ¡Cómo es el viento? ¡Qué furia la suya! Provoca grandes desastres y grandes beneficios. Toda la costa chilena es ventosa, no he sentido la brisa, sino el ventarrón, la ventisca Y cuánto más al Sur más fuerte, más frío y más húmedo. Y cómo con cualquier acto climático me pregunto cómo son las personas que viven bajo dichas condiciones metereológicas.
En mi tiene efectos, los aires fuertes me confunde, me despista, no me sienta bien, me siento inestable y me amarga. Noto que me amarga, me ha pasado ya en el Norte, algo escribí, no me acuerdo. El aire, intenso, veloz, no te deja pensar, las neuronas pierden cierta conectabilidad y se forman cortocircuitos; y si vives momentos de duda, las agudiza. Eso ha provocado en mi.

La fría luz austral
La fuerza del viento provoca mucho movimiento y en zonas húmedas. las nubes no corren, vuelan, histéricas. En un mismo día puedes tener las cuatro estaciones. Grandioso. Eso irremediablemente tiene unos efectos inmediatos en la luz, que además es mucho más oblicua que en la zona mediterranea y contra punto con la del Ecuador, vertical como ella sola. Aquí la luz es más horizontal, es fría, hasta los tonos cálidos del atardecer se vuelven gélidos. Para que hablar cuando aparecen las nubes, la niebla. La luz es puro cobalto. Los amaneceres son lentos, y tardíos, la puesta de sol eterna, no acaba de meterse, y sin embargo siempre está a punto de desaparecer.
Adios, Chile.

domingo, 16 de marzo de 2008

Puerto Natales: las Torres del Paine, gigantes de granito

En la provincia de Última Esperanza. Puerto Natales, inicialmente o durante la colonización, debió ser un puerto pequeño y almacén de la comarca. Antes hubo que liquidar a los propietarios de la tierra, a las poblaciones autóctonas y luego quemar los bosques para conseguir pasto. ¿O fue al revés? No me acuerdo. Lana, carne de oveja, cordero a la patagónica… salmón y turistas de todo el mundo, mucho israelí. Hoy es un destino puramente turístico, como muchos que voy a encontrar en la Patagonia chilena y argentina. Hoteles, hostales, restaurantes y tiendas para avituallamiento de mochileros, poco más; porque todos venimos a ver lo mismo: las Torres del Paine.

Torres del Paine. Jóvenes monolitos de tres mil metros
Las había visto imágenes que ejercieron de imán. Son unos monolitos de granito de casi 3.000 m. No vi nada, o muy poco, durante mi estancia. Busqué retratar la imagen que ilustra este post, no es mía, pero me encontré únicamente con la que la acompaña. Una ligera frustración me invadió. El personal viene pertrechado para acampar, la mochilas hasta los topes, tienda de campaña y saco de dormir. Yo no, no venía ni preparado con material, ni psicológicamente, que es mucho más importante, lo otro lo compras, la preparación mental, no. El personal hace excursiones de tres a 10 días para dar la vuelta a la "W" que forman estos cerros. Yo no. Únicamente hice una excursión "full day" con un clima espantoso de lluvia y viento, apenas vi, intuí la fuerza gráfica de unos cerros jóvenes, apenas 12 millones años.

Pero no hay que desanimarse en esos momentos, todo es nuevo alrededor, hay que disfrutarlo, sacar de las adversidades provecho: la luz, los glaciares, nieves perpetuas, lagos verdes, ríos verdes –producido por el magnesio de las rocas, según me dijeron– y unos llanos eternos, es la Patagonia. Hay que aprovecharse de que los animales no huyen, se alejan discretamente, ya no se les caza, observas huanacos, ñandus, el precioso Huemul, en recuperación, hasta el zorrito gris se te acerca.

Salmoneras
Es un boom! El salmón se ha convertido en una fuente muy importante de ingresos. Los chilenos aprenden rápido, han copiado los sistemas noruegos, canadienses y los han adaptado a sus características geográficas y climáticas. Tienen el mar repleto de granjas salmoneras, con sistema de cámaras en el fondo de la jaula y alimentación computerizada. Hoy los chilenos se permiten enseñar hasta a los países escandinavos, me lo contó un biólogo marino que trabaja para Pescanova en Puerta Arenas. A menudo se traslada a otras regiones salmoneras del mundo para aprender, copiar, enseñar.
El camión que ilustra este bloque es una constante. En la instantánea está depositando el remolque en el barco para su traslado a las jaulas situadas entre los canales que tanto abundan. Se les ve a cientos, desde Valdivia hasta Punta Arenas. Allí, en los depósitos que transporta van los alevines de salmón. Se les traslada de la guardería en agua dulce –donde nacen y dan sus primeras aletadas–, instaladas en tierra y se les lleva a engordar a las aguas saladas. Un proceso que dura meses en la naturaleza, el hombre lo resuelve en horas con un camión. Loco, no?

viernes, 14 de marzo de 2008

El Evangelista, un ferry mochilero

De Puerto Montt a Puerto Natales, un trayecto de cuatro días y tres noches. No es un crucero, es un barco de carga que también transporta pasajeros. Cómodamente. Nada que ver con el que tomé en el Amazonas, ni de aspecto, ni en pasajeros. Dormí en litera en la sala de todo compartido, espacios y baños. Y antes de tomar posesión de mi cama tres jóvenes me preguntaron si era Jorge Bonilla, les dije que sí y les mire extrañado, pensando "de qué coño saben mi nombre": la recepcionista les había dicho que dormirían con otro español.

Tres colegas por el Cono Sur
Tres médicos después de un examen, se conocieron en Roma cuando Erasmus les hizo coincidir allí, Javi de Cádiz, Luis de Salamanca y Borja de Burgos. Desde entonces se profesan una amistad férrea y prepararon juntos hasta hace un mes el MIR en Oviedo, este era su viaje de descongestión, una cura. Son amigos en el sentido más profundo de la palabra, se insultan, se encabronan y se putean entre si como sólo saben hacerse los coleguillas. Al mismo tiempo se quieren y son un piña. Cada uno con sus manías y sus prejuicios, pero la amistad lo puede todo y está por encima de todas las cosas. Charlamos mucho, en un barco es lo que más se hace –además de leer y mirar– de política, de mi viaje, sus estudios, mujeres y de la vida en general. Buena gente, buenos bebedores, iban pertrechados de dos botellas de whisky y de alguna cosa más… rico, aunque escaso. Estaban enojados por la dificultad de pillar por aquellos lares. De cuatro semanas disponían, para visitar mucho, muy rápido, demasiados aviones. Son jóvenes y el movimiento les va, marcha, marcha. Ninguno ligo, aunque todos lo hubiesen deseado.Yo también. Borja, el burgalés, era el que mejor entraba, en palabras de Javi, cogía el balón, regateaba bien, sabía llevar la pelota, pero cuando tocaba tirar a puerta fallaba, no sabía rematar la faena, era el único sin novia.

Microcosmos mochilero
Aquello parecía la Naciones Unidas, aunque la proporción germano parlante dominaba, después la gringa, pero también había ingleses, holandeses, franceses, japos, asíáticos sin determinar; algunos israelíes, españoles y naturalmente chilenos, no de vacaciones sino de traslado, la mayor parte de ellos se arrinconaban. No era su medio, eran ciertamente los extraños. Es curioso esto. La gran diferencia con el Amazonas estriba en ello. Allí la población autóctona era la protagonista, aquí son los extranjeros, somos los turistas. Entendéis la diferencia, porque aquello fue mágico y esto únicamente está muy bien.… Me puedo tirar un buen rato disertando sobre el tema, pero paso.

No se veían maletas, en la Patagonia apenas se ven. El visitante es de tipo aventurero, con su Lonely bajo el brazo, viene a mover las piernas, a caminar. Muchos incluso a acampar. Lo que domina es la mochila, no


importa la edad del que la lleva,
desde jóvenes hasta jubilados centroeuropeos, que no pasan por lo de viajes organizados. Tienen su valor, iban a su aire.
En este tipo de espacios donde compartes durante varias jornadas la misma superficie, los mismos baños o comedores, clasificas desde el principio, buscas tu terreno y analizas al personal –y no sólo yo, sino todos–, los que te caen bien, a los que quieres conocer, a los que odias sin razón y quieres tirar por la borda, a los que quieres evitar sin saber por qué, a quién te follarías y a quién nunca se lo harías. Son microsociedades en las cuales se halla (casi) todo el abanico humano. Yo, personalmente estuve bastante autista, y salvo con el trío médico y dos hermanos chilenos, él y ella, apenas me relacioné. Ante los alemanes me hacía el longuis y no me mostraba como parlante de su lengua sino como un tipo raro que no paraba de fumar y dar vueltas por la cubierta. Huí del contacto.

Decorados
Espléndidos, como corresponde a la ocasión. Un barco que se traslada entre canales, fiordos, a mar abierto, estrechos pasos; islas, islotes y archipiélagos; que se para en un lugar perdido, con 250 habitantes a recoger pasajeros; que se mueve entre montañas, cerros arbolados y nieves perpetuas,; que se acerca a glaciares y choca con pequeños icebergs desprendidos de la mole de hielo; que se mueve en las cuatro estaciones del año en pocas horas: sol abrasador, vientos descomunales, lluvia y niebla; una barco fantasma, semihundido, envuelto en la bruma a última hora de la tarde. Un escenario.

–Ya tenemos la peli.
–¿Y la protagonista femenina…?
–¡Eehh…! No la hubo.
–Ya se jodió la peli.

Secundarios
Olvidaba el servicio, a los secundarios, a los planos de relleno: la tripulación. Salvo el grupo de animadores que con sus charlas, interesantes, sobre el recorrido profundizando en los glaciares, formaciones rocosas, población autóctona y … y …¡el bingo! –como no podía faltar– tuvieron un papel mayor que el de figurantes. Se lo curraron. Perdón, no tengo imágenes. Otro fallo.

–No insistas, no hay prota femenina. Sin chica, no hay peli.
–¿Y si me invento una?
–Pues entonces hablamos.
–Pero si ésta no te mola por demasiado gringa, tengo otra…, digamos más…, con más chispa, más historias, alejada de nuestras costumbres, más exótica.
–Otro día me la cuentas. Ahora estoy liado.
–Ciao.
–Hablamos.

jueves, 13 de marzo de 2008

¡Vete a Chiloé, vete a Chiloé!

Así me decía todo chileno que me encontraba y que me preguntaba por mis futuras etapas. Y allí fui, desde Puerto Montt. También desde aquí realicé un cambio de ruta, la original me llevaba a Argentina, a Bariloche, la real me llevó a tomar un ferry, próximo capítulo, y encaminarme a Puerto Natales.

Puerto Montt
Otra ciudad que conozco a través de una canción, de Victor Jara. De una masacre acontecida en 1969 por un terratenientes, como no. ¿Por que tendrán esa afición los latifundistas a que corra sangre por sus tierras? Debe ser muy excitante si tantos lo practican. Aquí, en Argentina, donde ahora me encuentro se dedicaban a la caza del indio y a los mercenarios se les pagaba por el número de testículos que llevaban a su pagador.
No es lo más bonito que he visto, pero era necesario hacer una parada aquí para seguir hacia el Sur. Llegar a la estación de buses fue ver que estaba en otro mundo, en la zona Austral: los cielos cambian, la luz es fría, un viento aterrador, nubes volantes, la nieve se intuye en los cerros lejanos. Es una ciudad próspera, hoy moderna, el salmón, la acuicultura dan muchos ingresos, su verdor, los bosques y ser salida hacia el Sur también, atrae a los turistas y hace difícil encontrar plaza hotelera, que además es cara. Dormí en una casa particular, convertida en casa de huéspedes.

Los materiales son símbolos
En toda esta región la madera es como un dios, un maní, una cultura. Para construir, calentar, artesanías y mobiliario. Llevaba varios meses impregnado de adobe, la cultura del barro, que arrancó en Trujillo, Perú y finaliza en el centro de Chile, pasando por toda la Bolivia altiplana. El barro es a pobre lo que la madera a rico… en zonas templadas. Además los chilenos contaron con los alemanes, magníficos constructores en ese noble material y transformaron las ciudades, en lo civil y en lo religioso. Trajeron sus técnicas, entre ellas, la tejuelas, revestimiento a base de tablas que cubren las paredes de un buen número de edificios. Preciosas.

Chiloé, el último bastión…
español, en Chile. Hasta que se rindieron. Pero eso fue hace mucho. Esta isla, parte de un archipiélago, es como de cuento de hadas o de ogros, en parte por su paisaje, en parte por sus cuidados pueblos y finalmente por la mitología que la rodea, la chilota, herencia de la población autóctona –tribus mapuches– y mezclada con la fantasía de los nuevos pobladores europeos. Fue una bonita excursión de un día, pero me podría haber quedado mucho más. Hay cosas que ver.

¿Vemos o nos preguntamos?
La función del viajero, creo, no es sólo ver y decir "oh, qué bonito" u "oh, qué feo", sino también hacerse preguntas del por qué de las cosas. Soy poco dado a las casualidades, para mi no existen y menos si se repiten hechos, acciones, maneras o costumbres. Me volvió a suceder, con unas iglesias, bueno, la verdad es que me sucede constantemente…

Iglesias fuera de lugar
No me cuadraban en ese escenario. Pregunté y todos me respondían que sí que eran católicas, no me encajaba, las había visto similares en Centro Europa. "Son de los Jesuitas" me respondían otros. "Joder, he visto multitud de iglesias de jesuitas y nunca como éstas, y los jesuitas son españoles" me decía yo. Hasta que la curiosidad me hizo escarbar. Efectivamente son jesuitas, pero como los españoles no daban a vasto, se trajeron a miembros bávaros y húngaros. Ya está, todo claro. Ahora sí.
Son unas joyas. Patrimonio de la Humanidad. Lindas por los cuatro costados. Cuando fui a la oficina de turismo en Puerto Montt para preguntar por excursiones a Chiloé me lo comentaron y respondí que estaba harto de iglesias que prefería pingüinos, insistieron y yo también. ¡Ignorante de mi, debería haber vuelto y disculparme! porque al final la excursión que realicé pasaba por diversas localidades donde la plaza mayor está presidida por una de estas maravillas realizadas por los jesuitas bávaros durante le S. XVIII, en madera y como nuevas hoy gran número de ellas.

¡Qué tiempos aquellos!
En Europa ya no existen, han desaparecido de su paisaje, en mi juventud lo practiqué con asiduidad, también era común, incluso en Alemania lo usé, mediados los 80: viajar a dedo, hacer auto stop. En mi recorrido panamericano tampoco lo he visto salvo en carreteras comarcales por lugareños para trayectos cortos, supongo. En Chiloé son legión. Es una isla mochilera, punto de encuentro del hippismo chileno. Me gustó, los miré con ojos tiernos y me hubiese encantado ir en mi propio coche y transportarlos. ¡Qué tiempos aquellos!

martes, 11 de marzo de 2008

Ushuaia, en el Fin del Mundo

Ya esta. Al fin, en el Fin, del mundo, buen eslogan publicitario para la ciudad más austral del planeta, Ushuaia, palabra proveniente de la lengua yámana: ush (al fondo, o al poniente) y wuaia (bahía o caleta). Hasta aquí habré recorrido 32 o 40 mil kilómetros. ¡Yo que sé! Algún día haré el recuento total. Casi 11 meses hasta llegar aquí, pero aún quedan algunas entradas hasta llegar a este punto. Os las relataré, queridos amigo/as, en los próximos días. Esto no se acaba todavía.
En la foto me encuentro sobre un glaciar, al fondo la ciudad, que se intuye y el Canal Beagle que se pierde en el infinito

Una centolla, la cena más cara
Me he dado un homenaje, he ido a cenar a un buen restaurante. Me han sentado en la mesa 18, a mi alrededor alguna pareja, familias argentinas, pocos extranjeros y alguna gente de mar. He tomado una centolla, marisco típico de esta zona, me la han servido ya vacía y limpia, con la caperuza de decoración. No me ha gustado esa presentación, hay más posibilidades de engaño. He deseado que me preguntasen por mi parecer, pero no lo han hecho. Una pena, porque tenía preparada la respuesta: "no deberían servirla así, los palitos de cangrejo a base de abadejo tratado saben muy parecido" Me han podido dar gato por liebre. Nunca lo sabré, aunque estaba rico.
Además me he pedido una botella pequeña de vino, blanco, un Sauvignon Blanc, la primera botella que tomo en todo el viaje. Me ha hecho efecto y escribo un poco piripi. Me hubiese gustado compartir ese momento con un amigo, una amiga e incluso con algún desconocido, me ha dado el punto tierno, melancólico, podría haber sido el de sacar pecho, el de la victoria, autosuficiente, pero no ha sido así. Esos estados son incontrolables, vienen y se quedan: estoy pensando más en el futuro, en mi vuelta, que en lo vivido hasta ahora. Un error.
De postre un flan casero, dicen, y un cortado, a la española. Posiblemente hay sido la cena más cara que haya pagado en toda la panamericana, 21 euros. Es mi dinero, era mi regalo. Esto sigue.

domingo, 9 de marzo de 2008

Valdivia, donde a los pasteles se les llaman Kuchen

Y a la nata, Sahne. Y a los bomberos Feuerwehr, y así se siguen llamando. Cuestión de orgullo. De hecho el cuerpo antiincendios lo crearon ellos. Es lo que tienen los colonos, los pioneros, que traen sus costumbres, sus usos, su tecnología. Esta zona fue repoblada con alemanes a mediados del S. XIX. Llegaron 6.000. Con estudios, gente formada y desencantada con la revolución del 48. Además trajeron la música, clásica. La cerveza y su arquitectura. Valdivia y zonas adyacentes están impregnadas de cultura germana. Y se adaptaron bien, porque la climatología, los paisajes, se pueden equiparar a los de Centro Europa. Después se mezclaron, y en la guía de teléfonos se ve el mestizaje. También arrasaron los bosques, durante meses ardieron, para pastos. Es la Región de los Ríos, en el centro sur de Chile. Su alcalde en el 2000 se llamaba Bernardo Berger Fett. ¿Más datos?

Madera contra terremotos
En 1909 Valdivia sufrió un incendio que la arrasó y se llevo todos los vestigios de su pasado. Decidieron reconstruirla para lo que empezaron a utilizar durante décadas el hormigón y el ladrillo, pero en 1960 un terremoto –el más intenso del que se tenga registro– la tumbo. ¿Toda? No. Sólo la de hormigón, la ciudad de madera se mantuvo, porque la madera se mueve, se moldea. Un experto en desastres me comentó en Puerto Cabezas, Nicaragua, que los terremotos son más solidarios con los pobres que con los ricos, binomio madera hormigón, en cambio los huracanes son unos pijos y no se apiadan de los desheredados, la madera se convierte en papel de fumar y vuela, vuela. El hormigón aguanta.

Lobos de agua dulce
Valdivia tiene un hermoso río, el Calle-Calle y una larga costanera (malecón) que lo acompaña a lo largo de su trayecto urbano, y al final en la parte más céntrica, un mercado plurifuncional, por la mañana, pescados y otros alimentos, y por la tarde artesanía. Sin embargo, en torno a él durante todo el día hay unos extraños visitantes: lobos de mar, sí, animales de aguas saladas que viven en un río. La razón es que les alimentan con los retos del pescado que se vende. Lo que no sé es cómo pueden mantenerse en aguas dulces animales de aguas saladas. Lo pregunté y todo el mundo me respondía "es que les dan de comer", pero eso no lo preguntaba yo…

Mono de verde
Sinceramente lo tenía, desde que abandoné el Amazonas, Iquitos, antes de Navidades, no disfrutaba de verde intenso, salvo la excursión a los Yungas en Bolivia. Tenía mono. Me apetecía pasear, respirar el aire húmedo, bosques, vegetación. Me fui al Parque Oncol, un bosque valdiviano, un bosque siempreverde, nombre que describe un grupo característico de arbolado, con numerosas clases endémicas. Eramos un grupo pequeño y cada uno se fue por su lado, me aburrí de andar y no compartir.

¡Mi primer eclipse total de luna!
Pensé que sólo se veía en el Hemisferio Norte y resulta que en el Sur se ven más a menudo, así al menos me confesaron. Ya no les sorprende. La luz era tan extraña que se podía ver hasta Saturno con su precioso anillo. Lo vi a través de un telescopio, en la costanera de Valdivia; un historiador se sacaba unos lucas (durillos) con su instrumento cobrando por mirar, me prometió un par de imágenes. Nunca llegaron, así que las he robado de la red. Si observáis no es el mismo que viste vosotros porque la evolución del eclipse es diametralmente opuesta. El sol, por cierto, también sale aquí por el Este, pero por la izquierda y no por la derecha como en el Norte.