martes, 19 de febrero de 2008

Bolivia, el arte de la contemplación, lagunas, rocas y aguas termales

Hay que dejarse llevar…, disfrutar de los espacios, sin pretensiones…, relajarse…, no tener prisa… el espectáculo, la vida, la no-vida está ante ti, forastero. Para ti es puro exotismo, árido. Eres un privilegiado, lo sabes. Para los que allí moran es… qué es… lo único que tienen, no conocen más… es una tierra dura, que no da pan, no da riqueza. Es tierra de emigrante. Os habéis imaginado alguna vez cómo es para un adulto senegalés o para uno boliviano que nunca ha salido de su terruño encontrarse en las calles de una megápolis, Madrid o Nueva York. Me imagino que debe ser de ácido, de no entender nada. Reflexionad, va en serio.

Ini, aprendiz de guía
Octavio, el conductor, me dijo "haga espacio, viene mi copiloto, mi ayudante" yo iba delante para hacer fotos durante el trayecto. Y llegó Ini, el ayudante, cinco años. Todos nos miramos sorprendidos, era un niño. Su hijo. Producto de segundas nupcias, ya tiene 59 años. Revoltoso, juguetón, diferente a su progenitor, taciturno y seco. Entre todos lo adoptamos y le compramos un par de juguetes. Nos acompaña porque está de vacaciones y algo le sucede a su madre ¿? Así aprende el oficio de su padre, porque aunque los hijos, ya mayores, de su antiguo matrimonio se lo quieren quitar, él se niega, él quiere que Ini sea guía. De hecho está aprendiendo a manejar y en el trayecto que hacemos solos hasta frontera es Ini el que pone sus manos al volante, "¿Papi, puedo manejar?" pregunta. Con sus piececitos apenas llega al acelerador, los ojos sólo llegan hasta la base del parabrisas.

Huellas, rocas con nombre y algas que entonan el agua
En este recorrido por el suroeste boliviano hay un momento en el que se acaban las pistas, que sólo el olfato y la experiencia del guía son las únicas vías de salir vivo de allí si algo sucediese. Se pasa por zonas rocosas fustigadas por el viento, castigadas por el sol y reventadas por las gélidas noches, forman todo tipo de estructuras que a los seres humanos nos da por ponerle nombres: el cóndor, el árbol de piedra…; circulamos por desiertos de arena, de piedras, sólo algunas huellas, los surcos de los neumáticos nos indican que por ahí han pasado otros vehículos. Vamos con prisa, un pinchazo –lo ha descubierto Ini, el copiloto– nos ha hecho perder tiempo y tenemos que estar antes de las cinco de la tarde, de lo contrario no veremos la laguna, la colorada. Sin viento del Oeste, desaparece el color y por la tarde el viento se para y no mueve las algas que producen ese tono a las aguas. Lo conseguimos. En las aguas hay otro mar, de flamencos que se alimentan de las susodichas algas. No hay peces: son aguas saladas. La sal, el sulfato de sodio y otros minerales dominan esta parte del mundo. Estamos a 4.278 msnm, en cuanto se esconda el sol el frío va a ser de muerte. Cenamos con vaho en nuestros alientos. Dormimos más que vestidos, dormimos con la ropa de abrigo y con todas las mantas posibles encima dentro de unas chozas nada acondicionadas, sólo el calor de seis personas calienta la habitación.

Un baño a cuatro mil metros
A las 4 suena el despertador, nadie se quiere levantar, la baja temperatura y el cansancio son los argumentos. Octavio se enfada, somos los últimos en salir y queda mucho camino, los geisers, las aguas termales, la laguna verde y acercarme a mi hasta la frontera con Chile antes de las 10 de la mañana. Mis baterías están agotadas, no las mías sino las de la cámara, el día anterior ha sido una borrachera de imágenes, dispara sin parar, extasiado por lo que me rodeaba. Suponiendo que donde dormíamos se pudiesen recargar. Gran error, amigo. Sólo me quedan las reservas y elegir bien mi objetivo: economía de medios.
Ascendemos hasta los 4885 m, la tierra burbujea,, un sulfurado vapor invade el terreno, dos docenas de vehículos ya están allí. Puro guiri. Cámaras, flashes gente de aquí para allá. aquello, según me cuenta Octavio, se va a convertir en una central geotérmica. De nuevo al carro, avanzamos con lentitud, otros nos adelantan, "llevan 16 cilindros, nosotros solo 8! me explica nuestro guía. La vagoneta (el 4x4) no da para más le falta oxígeno, pasamos unas piscinas termales, a reventar de extranjeros, nuestro zorro del Altiplano nos aconseja ir a otras sólo para nosotros. Aceptamos. La temperatura en el exterior es de bajo cero, en el agua de unos 30 grados Celsius. Nos bañamos, bueno, yo no del todo, mi toalla está en el fondo de la maleta y ¡no pienso deshacerla! Bañamos a Ini, le quitamos las 7 camisetas que lleva superpuestas, sí he dicho bien siete. mientras su papá prepara el desayuno, café calentito y tostadas con mantequilla, exquisito. El viaje continúa rumbo a la laguna verde, sí,un verde esmeralda que refleja el volcán que domina esas aguas. Esta vez no son algas sino el magnesio existente en la zona lo que da el color. quince minutos es el tiempo que tengo de disfrutarlo, el reloj corre y debo darme prisa, de lo contrario perderé los micros que van de la frontera a San Pedro de Atacama, Chile. Adios Bolivia, linda, dura, ahogadora y étnica.

4 comentarios:

azuvil dijo...

Preciosoheynotengopalabras.

Lo tengo que mirar/leer una y otra vez.
Precioso qué?
TODO

Tengo desde hace unas horas la sensación de estar a 4000 msnm
Gracias y,
bueno tú tienes la culpa de que acabe de tirar mi cámara a la basura…
y eran 1000 Euros y me ganaba la vida con ella, aún así ,un be

y la luna, tienes razón,
hoy hay eclipse y estará roja.

Anónimo dijo...

Es impresionante. Creo que hay que ir allí, sin móvil, sin ordenador, sin ningún tipo de cable y antena. (Y que en todo el planeta se apaguen las luces y todos los mecanismos no naturales durante dos minutos, solo dos minutos: sí, ese es mi deseo, ¿se cumplirá algún día?)

Princesa S dijo...

Hola de nuevo. Impresionantes las fotos, mira que nos has regalado fotos bonitas, pero esta parte es especial, sin palabras Jorge, sin palabras, no necesitan que lo expliques, aunque tus palabras nos acerquen más a la cosas.
Besos,

Anónimo dijo...

Hay días, chaval, que no me queda otro remedio,
me enamoro de ti