

Uyuni fue fundada a finales del XIX para convertirse en un gran punto ferroviario y comercial, iba a ser el punto neurálgico de los trenes cargados de plata que irían desde las minas de Huanchaca hasta Antofagasta (Chile) para allí salir al mundo. Se pensó que aquello iba a ser algo grande, y en cierto modo lo fue, pero por muy poco tiempo. El sueño acabó pronto. El ferrocarril también. Hoy sólo queda una línea dos días a la semana y un magnífico cementerio, de locomotoras.

La ciudad renace, más de 40 agencias de viajes, población creciente, inversiones en infraestructuras. Los alrededores de esa ciudad –punto de partida para las excursiones a tierras más alta y a una de las maravillas de la naturaleza: el Salar de Uyuni– se puedne convertir en una nueva mina de plata para sus habitantes. Si lo saben cuidar, administrar y vender. Pocas cosas tan bellas he visto en mi vida.




Esa estética la descubrí tarde, avanzada la veintena. En Alemania, ¡verdadero museo industrial! Allí vi por primera vez lo que era un País industrial, estamos hablando de los 80: máquinas como edificios, factorías como ciudades, fábricas y minas convertidas en museos… desde entonces la chatarra, el óxido, las minas, las naves … todo lo que ha pasado por las manos del hombre y posteriormente lo ha abandonado por obsoleto, me fascina.

Puro óxido, locomotoras a carbón que con el gasoleo se quedaron anticuadas, en un secarral a más de 3.800 msnm, se ha convertido en destino turístico. No es para menos. Son esas joyas que por casualidad deja el ser humano sin ninguna importancia y de repente alguien se acerca, lo ve y habla bien de ello, y los del pueblo, dirán "qué raro a los gringos les gusta ir a ver esas viejas locomotoras", así, poco a poco y sin entenderlo muy bien los tour operadores locales lo incluyen ente sus ofertas.
2 comentarios:
Hola Jorge,
Te sigo siguiendo.
Un beso y un abrazo calentito.
Que rico ese abrazo, ando falto de ellos… y de besos. Bye.
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