miércoles, 26 de septiembre de 2007

Corn Island, dos islitas en el Caribe

Dejemos el cielo y volvamos a la tierra, al pecado, a un punto muy pequeño, Corn Island, dos pequeñas islas a casi 70 km al Éste de Bluefields. 10.000 habitantes. Sólo visité una, la grande. Poca cosa hice en esos días, no me apetecía, además eran las fiestas del cangrejo, curioso nombre para celebrar la liberación de la esclavitud. Estuve de juerga. Me iba a quedar tres días, se convirtieron en seis. Esto ocurrió entre el 24 y el 29 de agosto.

Ahhh, como lenguaje
La entrada no puedo ser peor, mi desgarro, el ferry con 6 horas de retraso llegó de noche, el taxi me dejó en el hotel equivocado, unos tipos quisieron engañarme diciéndome que mi hotel ""don´t working" ¡Cómo que don´t working si esta mañana he hablado con ellos! Aaahhh!, entonces tiene reserva? Sí. Y de pronto ya sabían dónde estaba. Llego. Cerrado. Aparece un viejo, "Hola, tengo reservada una habitación" Aaahhh!, me responde y no se mueve. Son las once de la noche. Se lo repito y parece reaccionar, desaparece y vuelve con un manojo de llaves y prueba unas veinte. Por fin entro y me deprimo por la fealdad del espacio. Cierro la puerta, voy al baño, no hay papel, no hay toalla. Salgo, se lo explico: Aaahhh! vuelve a responder y se me queda mirando. Yo, a punto de perder los nervios, "Jorge, oohhmm". Mañana, mañana. Mis necesidades las limpio con los resguardos de los bancos. Ahhh, es la respuesta ante cualquier pregunta que no sepan contestar.

En un mundo de africanos
Fue un baño de negritud, otra minoria racial en el Caribe, aquí se llaman creolles; en Honduras, garífunas, en otros lugares caribes, da igual: son todos de descendencia africana. Son orgullosos, de su color, de su tamaño, de su inglés, se creen superiores, tienen algo de esa altivez cubana de que nadie les puede mirar por encima del hombro. Me gustan. Por el día tienen esa desidia tropical, lentos, apáticos, desganados, ¡uf, cuanto trabajo!! pero cuando se trata de bailar o cuando llega la noche se transforman: son puro ritmo.

De fiesta en fiesta
Bueno, era una sola que se celebraba en muchos sitios, durante el día y por la noche. Principalmente en la cancha de beisbol y una esplanada. La Big Corn Island se recorre en una hora en bici, pues no tuve tiempo, aunque la atravesé todas las noches… en taxi, después de la disco. Hubo una noche muy especial, que tendrá su propio capítulo, por lo lujurioso, por el éxtasis en que me vi envuelto.

Ellos… ¡en su salsa!
Niños, mayores, abuelos, madres y padres, y sobretodo jóvenes, muchos jóvenes. Este es un mundo en el que más del 50% de la población tiene menos de 25 años. Todo era como las fiestas de nuestros pueblos, pero con gente de otro color y con mucho ritmo, soy de la opinión que aprenden a bailar antes que andar. En la cancha, a las órdenes del maestro todos bailaban, bueno todas, porque los chavalos tocaban, percusión, lo que saben.

Follad, pero seguros
Tres lenguas, español, creolle y miskito. Representación teatral con contenido social: hacedlo pero no estropeéis vuestra juventud con un embarazo. Bien. Más, entre pausa y pausa de actuación nueva recomendación: hacedlo, pero seguros, el Sida mata. Más, reparto gratuito de condones. Mucho más: concienciar sobre la explotación comercial del sexo. Bien, muy bien. Que cunda el ejemplo.

Arqueología submarina
Yo no sé de donde viene llamar snorkel a lo que toda la vida hemos llamado buceo, desde hace 40 años lo llevo haciendo, pero desde hace unos pocos ya no buceo, ahora hago snorkel. Tonterías. Fue bonito porque además de ver peces de muchos colores vi un galeón español o pirata, quién sabrá, hundido. Se apreciaban los cañones y algo de su estructura. Pero más apasionante fue un barco a vapor de finales del XIX cuyo motor aún sobresale de las aguas como si fuera una pequeña plataforma petrolífera. Grandioso. Vibrante bucear entre los restos sumergidos, imaginarse cómo se vino a pique, lo que llevaba, ver los hierros retorcidos, la estructura, pensar cómo se quebró. Eso no lo había visto nunca, los pececillos, sí.

Las marinas
Me encanta el arte, la pintura, me lo inculcó de niño mi gran maestro Don Pedro Silleras, he visto acuarelas marinas toda mi vida y generalmente las he detestado. ¿No las entendía? Puede ser. Hoy las he descubierto, he entendido porque tantos pintores las han retratado. Por la luz, que ya lo sabía, pero que no veía. En Corn Island me quedaba embobado todas las tardes viendo las puestas del sol reflejadas en el mar y en las barcas. Una delicia. Tiré decenas de fotos, por fin amaré las acuarelas dedicadas al mar… o a la luz.

2 comentarios:

carlos dijo...

Siento que te perdieras Little Corn Island, a la que los nicas llaman "la islita", naturaleza en estado puro, poca gente, nada que hacer, a un paso de la felicidad. Algunos españoles se han montado unas cabañas y viven como el buen salvaje. Las islas son uno de los destinos tradicionales de turismo nacional (los que podían). Cuentan que la primera vez que Somoza las visitó y vio el potencial económico de la explotación de los cocos (para explotarlo él, claro) propuso pagar el doble por cada coco para incitar a que los nativos recogieran más cantidad. Y dicen que la respuesta de los isleños fue: ¿me pagan el doble? Pues recojo la mitad. Eso se llama calidad de vida.
Ah, creo que en las islas vi todavía más sonrisas por metro cuadrado que en el resto del país, y ya es decir.
Un besote.

Anónimo dijo...

DISFRUTASTE DE CORN ISLAN Y TE PERDISTE DE LA ISLITA LASTIMA PERO LO HARAS UN DIA TE COMPRENDO LA FELICIDAD QUE TE DIO LA ISLA ES OTRO MUNDO ES EL CIELO , YO ENCONTRE EN ESAS DOS ISLAS LA FELICIDAD Y TRANQUILIDAD QUE MI VIDA NESESITABA EL CALOR DE LA GENTE Y SU FRESCURA EN COMPARACION CON EL RESTO DE EL PAIS ES INCREIBLE A ESA ISLA YO LE AGRADESCO TODO HASTA EL AMOR POR QUE ME ENAMORE DE UN ISLEÑO DE PIEL BLANCA EL QUE TODABIA NO DOMINABA EL ESPAÑOL Y YO LE ENSEÑE LO QUE LE FALTABA Y EL ME MOSTRO LA PACION DEL HOMBRE CARIBEÑO LO CUAL ME TIENE LOCA PERO FELIZ NUESTRA COMBINACION ES PERFECTA GRACIAS CORN ISLAND