miércoles, 23 de mayo de 2007

SF. La materia de la que están hechas las cosas

"If you're going to San Francisco,
be sure to wear some flowers in your hair...
If you're going to San Francisco,
Summertime will be a love-in there"
San Francisco (Be Sure to Wear Flowers in Your Hair)"
John Philips, The Mamas & The Papas


100.000 jóvenes, hombres y mujeres, tomaron las calles acabado el curso escolar. Todos venían bajo una consigna: "Sí vas a SF, estate seguro de llevar una flor en el pelo". Ya desde Semana Santa empezaron a venir "los niños flor" eran las primeras gotas de lo que luego fue una tormenta de gente. Tomaron el distrito de la Haight Street y el parque limítrofe, el Golden Gate Park. Vagaban arriba y abajo, no buscaban nada, pero anhelaban un mundo nuevo. Había un éxtasis colectivo. La consigna había sido proclamada en enero de ese año, 1967, durante un acto contracultural denominado Human be-in, donde se buscaba la vida en comuna, la conciencia ecologista y la expansión del conocimiento, todo regado con las ideas del movimiento hippie, las teorías de la generación beat y de los jazz hipster, y al ritmo de The Grateful Dead y Jefferson Airplane, entre otros. Ah, y no olvidemos un alucinógeno que tuvo en el 66 su gran explosión y su defunción, traducido en la prohibición de octubre de ese año, el LSD, los "tripis". Toda esta mezcla provocó hace ahora 40 años lo que se denominó "Summer of Love", el verano del amor. Unas semanas después, en Monterey, a 188 km, tuvo lugar el primer festival rock de la historia. 200.000 lo escucharon. California se convertiría en la capital mundial de la música.

El arquetipo americano
Fue un festival, fue una concentración hippie, qué fue, fue … "la materia de la que están hechas las cosas" titulaba el San Francisco Chronicle en su edición del pasado domingo –y tres días más– un gran reportaje sobre aquel verano florido. "En el momento en el que aquel verano legendario del amor golpeara San Francisco hace 40 años, la fiesta estaba ya en Haight-Ashbury, (nombre proveniente de la intersección de esas dos calles)" y continua afirmando que "con todo la mitología de ese verano en 1967 nunca ha desaparecido. El hippie de San Francisco, bailando en Golden Gate Park con el pelo largo floreado, ha hecho tanto por el arquetipo americano como los pistoleros y los vaqueros que vagaron por el oeste salvaje. Más importante todavía, la ascensión de la contracultura de los años 60 ha tenido un impacto significativo en nuestra cultura hoy. El verano del amor resuena en las clases de yoga, en la música pop, en el arte visual, (…) en las actitudes hacia las drogas, la revolución del ordenador personal, y en la loca huida actual hacia el conciencia ecológica de América."

Todo esto forma parte de esta ciudad, tanto o más que el barrio chino, el puente o su bahía. De todo eso no queda nada tangible, real, permanece el mito, las consecuencias y un par de comercios para usuarios de marihuana, bonitas tiendas de ropa y restaurantes económicos, … y turistas, o viajeros como yo, que vamos a oler lo que allí pasó y que nos vestimos de color a la espera de encontrar flores y nos damos cuenta de que hacemos el mayor de los ridículos porque toda la fauna que descansa, que se coloca en el Golden Gate Park viste de negro. Verde y negro son los colores de ese jardín. Verde la hierba y negra la ropa de sus habituales. Para un día que dejo mi vestuario azabache en casa, meto la pata y me siento observado como una rara avis. Pero ha valido la pena.

Traspaso de frontera
Diría más, ha sido un gran acierto porque he roto un tabú interior que me estaba persiguiendo desde hace un par de años: he entrado a una tienda de ropa y no me ha comido nadie. Sí, lo que ois, me he comprado dos camisas guapísimas, verano look. Me hubiese comprado media pañería. Nada de negro. He entrado sudando, angustiado, como me suele ocurrir cada vez que penetro una boutique, zapatería o similar, pero he salido sano y salvo con dos trapos que van a crear sensación de aquí a la eternidad. Y no ha acabado todo ahí, también he preguntado, en una zapatería, por unas sandalias, preciosas, hechas para mis pies, y para los ojos de otros, pero eran demasiado caras. No importa, encontraré otras. El tabú está roto. Sólo me quedan unos pantalones, que eso sí que me acojona, los más nuevos que llevo puestos tienen ya cuatro años, mi último intento fue éste último otoño, visité como una docena de tiendas, y empujado; a la tercera ya me hubiese ido a casa corriendo. Fue tal el estrés que me produjo, que me tuve que meter a la cama. Ya sé que suena increíble, que nadie se lo puede imaginar pero es real. Lo prometo. Tengo testigos.

Lo mejor de San Francisco 2007
Parece ser que hoy la cosa va de prensa. La revista semanal de ocio sfweekly saca todos los años por estas fechas su particular anuario de lo mejor de SF, lo divide en cuatro secciones (gente y lugares, deporte y recreo, tiendas y servicios, comer y beber, y por último arte y entretenimiento) y entre esas categorías entra por ejemplo el mejor lugar para jugar a ping pong, o el mejor para hacer el amor al aire libre, o dónde leer un diario deportivo o un masaje en diez minutos, sin olvidar el mejor sushi o el mejor burrito, pero para mi lo más interesante no es si este lugar o ese otro, sino otras dos cosas: primero la concepción de este especial en blanco y negro en la cual no hay ni un sólo sitio que aparezca en las guías ni en los folletos dedicados al turismo y segundo la absoluta independencia respecto a la publicidad, que hay mucha, y que aparece a todo lo largo de la publicación.
Mi pregunta es, qué es lo mejor de una ciudad lo qué viven sus ciudadanos o lo que tenemos que ver los turistas, Es posible unir esos dos elementos. No tengo respuesta porque cuando viajo me interesa tanto el puente de Golden Gate como saber la distribución del mobiliario en sus casas. Me ha encantado montar en esos preciosos funiculares de principios del siglo 20 pero me hubiese excitado mucho más saber por qué el cuerpo de bomberos es una fuerza tan dominante que aparece en cualquier momento y ante cualquier situación haciendo sombra a la policía y a las ambulancias. ¿Qué policía, dónde está la policía? He visto museos, he recorrido calles emblemáticas, he visitado parques, puertos, he paseado en bicicleta, donde hay turistas y donde no, me he colado en la exposición de fin de curso de la Escuela de Artes de SF, he asisitido a un concierto al aire libre, me he mezclado cn los gays, pero me he quedado frío, ajeno y han sido cinco días muy tristes. Demasiado. No he disfrutado una ciudad que tiene de todo… Me han quedado muchas respuestas por conocer. He leído todos los días el periódico, pero hay cuestiones que sólo se entienden cuando existe una comunicación, una comunicación verbal. Y más en primavera cuando todo huele a salir de casa, cuando las gentes toman las calles y tú (yo) no tienes con quien hablar. Hay gente que no lo ha entendido, como una lectora, ¿amiga?, SEU (seudónimo), que se ha molestado porque no he contestado raudo y veloz a un email con música que me había enviado. Sin entender que no podía contestar, que además sus canciones, preciosas e intimistas, Cat Power, aún me hundían más en mis estado "Hopper". Le he prometido respuesta, pero por ahora me ha castigado… Bueno, que me despisto.

La segunda cuestión que me ha gustado del semanario, teniendo en cuenta de donde vengo, el mundo de la prensa y la comunicación, es la independencia de criterio a la hora de hacer esa evaluación. Lo mejor… son cosas pequeñas, cercanas al ciudadano y distantes con esa ley no escrita en prensa de "hablo de tu local y me pones un anuncio" ¡Que puta mierda es esa! Sin criterio alguno. Humo, puro humo. De verdad es qué no es posible hablar de las cosas de la vida sin estar pendientes de que te pongan un anuncio. Yo creo que sí, y el sfweekly me lo demuestra. Si vendemos independencia vendemos calidad, y si está bien facturado, bien envuelto tendrá resonancia y eso traerá la publicidad. ¡¿Es tan difícil de entender?! Cómo nos podemos creer cuando hablamos de una escuela de idiomas, de unos pantalones o de un coche cuando tres páginas más adelante está el anuncio a toda página de "¡cómpreme!" Yo personalmente no me creo nada y cada día menos. Así me va.

Quisiera volver a SF, pero no así, no sólo. Me ha quedado una cuenta pendiente con esa ciudad. No ha sido su culpa, ella es hermosa, seductora y pícara; inteligente y devota con la creatividad, y parece buena, no se ve violencia ni agresividad que destaque ¿policiá, dónde está la policía?, aunque muchos de sus hijos vivan y duerman en la calle. Eso sí, nunca podré vivir en ella, hay un elemento superior a mis fuerzas, que entra en la bahía por el puente y que me hace perder los nervios, me vuelve loco. El viento. Un aire que según va avanzando el día va aumentando su presencia y que se va metiendo en la ciudad y dominándolo todo. Pero ese es mi problema: el viento y yo no somos buenos amigos.

8 comentarios:

kk dijo...

Hola Jorge, en general me suena bastante mejor la progresion de tu viaje, de tus analisis externos e internos, de tus textos. Me alegro y me tranquilizo. No hablo de como yo veo como tu eres. Me refiero a cierto estilo emergente. Doloroso y hermoso como un parto. Pienso que esta gestacion bien pudiera culminar en algo muy valioso y bastante antiguo, aunque siempre actual, y que muy pocos tienen el tiempo, la suerte y el valor de intentar: no tiene nombre, se llama conocete a ti mismo o reconocete en el orbe. Ponselo tu. Del peso del lastre hablaremos cuando tu convengas. Si acaso algun dia te interesara. Ahora mi deseo mas intimo respecto a ti es que disfrutes de tu aventura como tu quieras. Lo demas poco importa. Pronto te mandare un emilio contandote como me va a mi. Enhorabuena por aguantar con el proposito de no fumar, el ansiedad pasara aunque el recuerdo nunca se esfume. Pero con eso se puede.Animo.Un beso.kk

sonia dijo...

Bonitas camisas, sí señor.

azuvil dijo...

SF parece, una de esas ciudades en las que –– sino fuera por el viento... pero a mi me encanta el viento––, una vez dominada la técnica del salto al mendigo, se pudiera vivir. Al menos con SFweeckly; no habría ni un día, ni una hora, en la que tuvieras una razón para pensar..."joé, no sé que hacer hoy..." grandioso el espectro de posibilidades que se abre ante tus ojos, acojonante la cantidad de cosas que te pierdes, diariamente. Claro que yo no me acojono facilmente, o al menos intento que no se note, you know. Eso sí, depende de lo que busques, pero aunque no esté todo allí, seguro que lo encontrarás, en SF, LA, o donde sea, a lo mejor en cualquier otro pueblo, ya sabes lo raro que sos. Lo encontrarás cuando lo busques. Yo de todas maneras creo que me voy a SF en cuanto pueda, así que ya tienes una razón para volver.
Gracias Jorge.
Tú inspiras

Anónimo dijo...

hablas de Hopper y pienso en "nighthawks", quizá su cuadro más famoso. El paradigma de la soledad en la gran ciudad, con sus noctámbulos perdidos y ensimismados. El bar con su gran cristalera (como las del Vips, del Starbucks, del Wok ...) sin puerta a la vista parece un acuario, una prisión de vidrio. Pero me acerco a modo de zoom, y parece que el camarero está hablando con el hombre sentado al lado de la mujer de rojo. Y parece que las manos del hombre y de la mujer de rojo se tocan con la punta de un dedo. Está el hombre con sombrero, el hombre solo, sentado de espaldas a nosotros. Es el voyeur que contempla la escena, igual que nosotros.
Todos somos nighthawks en alguna parte, todos somos voyeurs en alguna noche.
He descubierto otro Hopper, menos conocido, se llama "Early sunday morning". Precioso.
Tú inspiras.

Dr. Livingstone dijo...

Hola Jorge, por casualidades de la vida hoy he estado en la DT (fui colaborador un par de años) y me h dicho Juan Luis Gallego que estabas haciendo este viaje. Me llamo Iosu, soy de Pamplona pero vivo en Madrid y como tú, he cumplido un sueño, recorrí la panamericana desde el pasado 21 de junio de 2006 hasta el 2 de mayo de este año. Vive esa experiencia día a día por momentos duros o difíciles que haya en soledad. Yo logré llegar a mi destino y no me arrepiento de nada de lo vivido, salvo de haber perdido en el camino a la chica que más quiero. Te paso mi blog por si le quieres echar un vistazo. De momento voy retrasado con las crónicas y estoy escribiendo Colombia. (www.rutapanamericana.com)

saludos,

Iosu

Jorge dijo...

Hmmmm… Me temo que la canción del principio es de Scott McKenzie, te has debido liar con California Dreamin´ (¡qué tiempos aquellos!). Por cierto, si te da tiempo, haz una visita a la librería City Lights por mí, en homenaje al viejo Ferlinghetti y sus amigos. Besos, guapetón

j.j. dijo...

Yes Sir, of course,
lo cantó Scott McKenzie, pero ¿quién lo escribió?

allen dijo...

you´ll bare your bones you´ll grow you´ll pray you´ll only know
when the light appears, boy, when the light appears
you´ll sing&you´ll love you´ll praise blue heavens above
when the light appears, boy, when the light appears
you´ll whimper&you´ll cry you´ll get yourself sick and sigh
you´ll sleep&you´ll dream you´ll only know what you mean
when the light appears, boy, when the light appears
you´ll come&you´ll go you´ll wander to and fro you´ll go home in despair you´ll wonder why´d you care ...
you´ll roll and you´ll rock you´ll show your big hard cock
you´ll love and you´ll grieve&one day you´ll come believe...
you´ll come fast or come on slow just the same you´ll never know
when the light appears, boy, when the light appears...
Allen Ginsberg