domingo, 21 de octubre de 2007

Bogota 2. Modernidad, la abuela Lucia y la Catedral de sal



Modernidad, Vanguardismo
Lo decía una joven, cicerona del Museo Botero. Ellos en arte han hablado de Modernismo, mirando a Europa como Vanguardia. Algo de eso pasa por las calles de Bogotá y de este país en general. No llevo demasiado, he conocido algo del interior, y me he movido entre la clase media. Hay pobreza, mucha, me dicen. Seguro, pero la burguesía es inexistente en Nicaragua, me entendéis. La modernidad ha llegado a estas tierras. Y el museo esta muy bien, lo ha donado Botero al Estado y tiene una magnífica colección de las Vanguardias europeas y estadounidenses, además de un exquisita selección de su obra… Y toda ciudad que se precie tiene una escultura suya.

Gafas, algo tan normal…
Os imagináis, ciudadanos del primer mundo, cómo es un país sin gafas. Cuesta, lo prometo. Llevaba meses sin verlas, habían desaparecido de mi campo visual. En Bogotá, me hice consciente de ellos. Las vi y me sorprendió. He vuelto a observar que la gente puede, debe y lleva gafas. Algo tan normal no es normal en muchas partes. Las llevan abuelos, maduros, jóvenes y niños. Más entre blancos, claro, pero muy extendido. Gafas o, tener la boca cuidada, o poder desplazarte por carreteras. Tantas cosas diferencian los mundo que vivimos.

La abuela Lucia, feliz con lo que tiene
En su casa residí, quitándole la cama a su nieta. No le gustó, aunque mantuvo el tipo. Si lo hubiese sabido no habría ido. No me gusta molestar. Todo fue muy rápido, llegué con una semana de adelanto, skypeé (o escaipeé) con su hija Alessandra, vieja amiga de los fogones alemanes que me ofreció la casa de su mamá en Bogotá. Me insistió tanto este verano que allí me dirigí. Y me encontré con Lucia, buena mujer, abuelita, elegante, coqueta, cada día cambiaba su bisutería, feliz con lo que tiene y excelente anfitriona. Hablamos mucho y vimos juntos la tele en su dormitorio, le gustaba "24", y ahí me enganché. La abuelita Lucia se preocupa si llegaba tarde, "y si le ha pasado algo", me decía. Hoy se ha vuelto una gran viajera, tiene a sus hijas distribuidas por el mundo, la pequeña en Madrid, la mayor en Austin, Texas, y mi amiga A. que estudia y trabaja en Londres. Hoy, pasa grandes temporadas en el extranjero. Hace bien. Hoy la llamo cada vez que cambio de destino, para confortarla y por la atención que me dispensó.

Junto a Lucia conocí a su sobrina Cocó, que me hizo de cicerón dos veces, el día y la noche, y a la madre de ésta, bailadora de flamenco entre otras cosas. Una ciudad dos hogares. Cuando llegué ella traía unas mandarinas de la finca a su tía y se ofreció para llevarme por el Norte de la ciudad, el barrio rico, la zona rosa que así se denomina –desde México esta zona en todos los países es la zona pija, burguesía, clase media, para entendernos–. Quedamos al día siguiente. No estuve muy comunicativo, tenía mal día. La última jornada me invitó de nuevo a salir con su amiga Ana Victoria, por la noche. Tenía pensado escribir, pero salí, conseguimos unos baretos, en la calle, los cerilleros… Fuimos a la Calera, a los cerros, a la altura y divisé de nuevo esa inmesa ciudad: Bogotá.

Excursión a la catedral de sal
Es una inmesa montaña situada en el pueblo de Zipaquirá, a hora y media de Bogotá, esperaba encontrarme un gran espectáculo, ¡una catedral de sal!. Luego todo resulta ser mucho menos. Unicamente son una serie de antiguas
galerías que los mineros de la zona han habilitado, esculpiendo cruces y reclinatorios en sal. Bueno. Lo que si vale la pena es meterse en el pueblo, de repente pensé que estaba en España: balcones, portales, tejados de tejas. Las tejas son un capítulo.

9 comentarios:

azuvil dijo...

Botero, como que está muy, muy cerca, no? casi me lo como, con perdón, y eso que me encanta comérmelo, el arte digo, pero no me suelen dejar...

Äh, se me ocurre una cosa, tus amigos-comentaristas están todos de vacaciones? o son muy muy vagos?... leen, disfrutan y ya está, no? Joé chavales, este blog se merece como 116 comentarios, por crónica,. no me sean tan vagos mi parce!
Por cierto miguel, cómo se traduce eso:
¿Tons qué, mi parce?

Jorge Bonilla dijo...

No sé por qué pero de las obras de Botero sólo he tirado planos cortos. No me apetecían los generales. Cuando estuve en el museo se me acabó la batería, y las obras aquí representadas pertenecen a Medellín, su ciudad natal.
Los comentarios? Pues posiblemente los lectores están cansados o aburridos, o nos les interesa lo que narro… o lo cuento mal. A saber!
No obstante te voy a declarar mi representante: me vendes mejor que yo mismo. Un beso.

carlos dijo...

Está bien, lo diré: no soporto a Botero. Por lo demás, lo cuentas estupendamente, Jorge, dan muchas ganas de visitar Colombia.

Princesa S dijo...

Hola Jorge, no es pereza ni aburrimiento, simplemente estuvimos preocupados, al menos yo, durante muchos dias, por saber si estabas bien, y bien del todo, yo abría el blog varias veces al día a ver si había novedades, que si ibas que si venías que si llegaba el dinero o no llegaba y ahora es como si hubiera llegado la tranquilidad, continuas con tu viaje, eso es lo bueno y tus relatos siguen siendo fascinantes. Nosotros, muertos de envidia, seguimos también con nuestras vidas, mucho más aburridas por cierto que la tuya, pero que son las nuestras.
Yo te leo, te sigo, y aunque no publico mis reflexiones, acepto la crítica, hay que hacerte ver que seguimos aqui.
Muchos besos,

Miguel Barreda Delgado dijo...

¿¿¿¡¡¡GUAT!!!???
¿La Catedral de Sal es sólo "una serie de antiguas galerías"?
¿Estas seguro de que fuiste al lugar indicado?
¿Ese entorno enorme y magnífico no te pareció "un gran espectáculo"?
Pero ¿qué esperabas, mi broder? ¿Culos?
¿Y si la conviertieran en una disco frecuentada por fogosos y caderones ejemplares de latinas en busca de macho se volvería más atractiva para tus ojos poco proclives a la belleza rudimentaria y pura de la madre naturaleza intervenida por el esfuerzo humano...?
Cuidado con las ilusiones ópticas... Un abrazo y buen viaje (¡Y hasta pronto!)

Miguel Barreda Delgado dijo...

Hola azuvil:

¿"Tons qué, mi parce?", en colombiano (paisa, de Medellín, y en ciertos círculos), es la contracción de "¿Entonces qué, mi parcero?", lo cual quiere decir en el castellano castizo de Bugs Bunny: "¿Qué hay de nuevo, viejo?"
Saludos.

azuvil dijo...

Hola Miguel, gracias por la traducción, parce

Jorge Bonilla dijo...

Miguel, el espacio, las galerías, los pasillos me parecieron maravillosos. Venderme la sal, la historia del ser humano junto a ese condimento, el esfuerzo para explotarlo, extraerlo sus rutas… todo eso me hace vibrar. La idea de la catedral, con sus cruces, reclinatorios, los pasos de Semana Santa me ha parecido que no esta bien realizado, que es humo, pero sabes por qué, porque no está bien hecho, porque la iluminación es pésima, porque no crea extasis, y una bella iglesia, aunque sea pequeña y sencilla lo puede crear. Me falta el subidón, al cual siempre estoy abierto venga de donde venga. En Manizales he encontrado iglesias muy hermosas. En este aspecto dejo de lado a Dios y me circunscribo a la labor del ser humano. la única que me interesa.

Jorge Bonilla dijo...

Aunque creo que tienes razón y debería haberla tratado con más cariño. Un mal día, lo siento.