jueves, 21 de junio de 2007

Creel. Perdón, no entiendo a los indígenas

Y se está convirtiendo en un problema. Serio. Moral y ético. Y por lo tanto me revuelve las tripas. Es la tercera vez que me pasa y no veo solución. La primera fue en Los Andes, con los aimaras y otras tribus regionales, la segunda el año pasado en Guatemala con las tribus que habitan alrededor del lago Atitlan y hace un par de días con los indios Tarahumaras en la Sierra de Chihuahua. Todos tienen algo en común, son pueblos de montaña. Pero vayamos por partes.

El Chepe, único tren de pasajeros de México
Efectivamente, un país tan grande, tan unido al ferrocarril –todos tenemos en la memoria imágenes de la Revolución con vagones llenos de soldados o revolucionarios– ya no tiene ese medio de locomoción. Lo han desmontado todo durante los 90, al igual que en el resto de América Latina. Quizá el último viaje romántico a través de los railes latinoamericanos lo hiciese Maruja Torres en Amor América (El país-Aguilar, 1993).
El Chepe une Chihuahua con el Pacífico y salva una pendiente de casi 2.450 m sobre el nivel del mar hasta la costa. Es una gran obra de ingeniería. Es una obra de arte superar ese desnivel, construir 410 puentes y socavar la montaña en 99 puntos para construir el mismo número de túneles y llegar sano y salvo a la orilla del mar durante 941km. No es tarea fácil, se necesitaron 63 años hasta concluirlo. Se pasa del desierto, seco y pedregoso a la meseta rica en árboles frutales y se llega hasta la alta montaña para finalizar a las orillas del Pacífico.

Un trayecto, dos etapas
La primera hasta Creel, enclave con nombre gringo nacido para sacar la plata y llevarla a Chihuahua. Punto de partida de excursiones para conocer la cultura tarahumara y la grandiosidad de sus alcantilados, donde realmente empieza la belleza. Esto no es tan enorme como el Gran Cañón del Colorado, pero sigue siendo bestial, algunos barrancos tienen una profundidad superior a los 1800 metros, superan en más de 400 a las depresiones del Colorado. Es demencial mirar hacia abajo y no encontrar suelo en casi dos kilómetros. No apto para cardíacos, las piernas tiemblan sólo al acercarse, sientes un terremoto interior que sube hasta el corazón y te obliga a tumbarte para no morir del susto. Barranca del Cobre, barranca de Urique, de Batopilas, son algunos nombres.
Naturaleza salvaje y sin embargo habitada, allí donde hay un claro, un pequeño recoveco para plantar, hay un chamizo, una casa donde reside alguna familia tarahumara. Impresiona la soledad, las distancias a recorrer para cualquier cosa, son subidas y bajadas de espanto. Con el catalejo se divisan pequeños e interminables senderos que el ser humano ha ido perfilando tras siglos de andanzas. Es paisaje de montaña, clima de la sierra, veranos calidos y húmedos e inviernos heladores, cuesta creerlo, hace unas horas estaba en el desierto y ahora en un paisaje que puede llegar hasta los 20 bajo cero en enero, donde no llueve y sólo nieva. Me lo han contado varios paisanos y como uno es incrédulo tiene que mirar hasta media docena de páginas sobre la Sierra Tarahumara para creérselo finalmente. Uno me llegó a decir que en Creel había sólo dos estaciones la del tren y el invierno.

Lo que también hay en Creel es mota, y muy escondida porque tras dos días de búsqueda no conseguí ni un mísero porro. Hay miedo, mucho miedo. Soy extranjero pero… si soy un agente de… Nadie sabe nada, todos me dirigen a otros… que tampoco saben nada. Al final uno sí que sabe pero su compadre está perdidamente borracho, "quizá mañana…" Mañana me voy. Hay mucha policía, en los trenes, con metralleta a la espalda, hay una campaña institucional contra el narco, "hay perros en el tren, no lleves nada" me advierten. En el bosque hay plantaciones, pistas clandestinas para avionetas destruidas por el ejército. Hay miedo, mucho miedo. Fallida primera incursión, tendré que esperar a … (Silencio, nunca sabes quién te lee).

La segunda etapa arranca en Divisadero, pueblo cercano a Creel y donde comienza realmente el vertiginoso descenso hasta el mar. Son nueve horas de infarto, Un descenso de ácido. Es una montaña rusa a paso de hormiga. Curvas insalvables, puentes, túneles, más puentes, más túneles. Grandioso. Que mota ni que narices el Chepe es un flipe en sí mismo. Cambia el paisaje, pasamos de los pinos y madroños a los cactus más asombrosos, a un arbolado que parece seco, pero es mentira esperan las lluvias de julio para renacer. Cambio de temperatura, del frescor de la montaña a la pura realidad mejicana: calor abrasador, aire irrespirable, pequeñas poblaciones que me retraen a siglos pasados. ¿Dónde estoy, por favor? Es un sueño, es un golpe de calor. Ríos sin agua pero con desembocadura. En Chihuahua los ríos no desembocan en ningún lugar, mueren allí mismo, mueren del calor, mueren en el desierto. Un desierto a 2000 metros de altura. Aquí no, aquí no es desierto exactamente, hay humedad, hay plantas que la inestabilidad del tren me imposibilita fotografiar con nitidez, todas una mierda, todas movidas. ¡Qué desastre de cronista!

Bueno, mi problema, esa profunda tristeza
Desde Creel hicimos un par de excursiones a zonas, rancherías y ejidos habitados por la población autóctona de esta sierra, los Tarahumaras, voz mestiza y corrompida de un pueblo que se autodenomina rarámuri que significa hombres de los pies ligeros. Grandes corredores, compiten en carreras montaña arriba montaña abajo de hasta dos días en unas sandalias que siguen siendo su calzado habitual incluso en invierno. Algunas leyendas cuentan que son capaces de perseguir un venado hasta agotarlo. Pueblo endogámico, sin relación con el exterior, salvo la de recibir dinero del Estado y las mercaderías con los turistas. Y la Iglesia, única comunidad que les puede decir algo. Son seres pequeños, oscuros, verdaderos piel rojas con una tez destrozada por las inclemencias del tiempo. Los hombres visten de occidental en la actualidad y las mujeres como en las fotos. Tristeza, la más absoluta, dolorosa y enigmática tristeza es la que reflejan sus rostros, los miras y no sabes lo que ves, no sabes lo que piensan. Ni los niños sonrien, lo intenté, les hable, no contestan; a una niña de nueve o diez años la piropeé y ni un mueca. Ni una voz. No hablan, os lo juro fueron varios los intentos y ni un monosílabo, salvo para decirte el precio de alguna cosa. No contestan. ¡Que frustración!

Rostros duros, tímidos, asustados. Impenetrables. Imposibles. Absortos en no se sabe muy bien qué. Un pueblo elegido, me decía uno. Busco datos, referencias de por qué son así, y de nuevo Wikipedia me da una posible respuesta:“Dios creó a los rarármuris y el diablo a los chabochis”. (Los chabochis son los no tarahumaras) Bajo la premisa de esta leyenda que se transmite por tradición oral entre los indígenas de la Sierra Tarahumara, subyace una realidad insoslayable: la pobreza y la marginación de las etnias que habitan el territorio chihuahuense. En la leyenda, Dios se enoja con los rarámuris porque perdieron una competencia ante los chabochis. Y de allí devino una sentencia que se ha convertido en práctica ancestral, que durante siglos ninguna autoridad, ni divina ni humana, ha podido erradicar: “...Les dijo que de ahí en adelante serían pobres (los rarámuris) y los chabochis ricos”. ¿Es posible esto?

La lógica de los pueblos
Decía Leví Strauss que los occidentales tenemos la mala costumbre de analizar a otros pueblos con la lógica occidental y no con la del pueblo o comunidad que estamos observando y que de esta forma nunca entenderemos nada. Y es cierto. Y caigo constantemente en mi ignorancia. Y yo quiero entender. Son seres humanos y necesito saber su mecanismo intelectual. Pero cuál es su lógica, necesito conocerla, entenderla, por qué me topo con un muro cuándo intento conversar con ellos, por qué en Guatemala me sucedió lo mismo, por qué no sonríen, por qué no hablan. ¿Escuchan? Me decía Mauricio, profesor de Teoría de la imagen en la Universidad de Guadalajara, gran conversador y magnífico interlocutor, que su padre que trabajó durante años con otra comunidad indígena nunca los entendió, que nunca llegó a comprender la lógica que les hace nacer, desarrollarse y morir. En Guatemala me decía a mi mismo, vale, han sido cientos de años de represión, los blancos les ha aniquilado, explotado, torturado, qué sé yo, pero eso un niño no lo sabe, eso no me parece un argumento para que la inocencia de un menor esquive una sonrisa, un gesto que se salga de la norma de los adultos. Imposible. Tiene que haber algo más. Algo qué se me escapa. Quizá sea ese castigo divino que se les ha interiorizado y convertido en un subconsciente colectivo. No lo sé, pero os juro que es muy frustrante.

10 comentarios:

Grillo veloz dijo...

Sin duda querias decir un revolcon revolucionario. A lo Pancho Villa, para que nos entendamos.
Y pensar que para nosotros hacer el indio, es adornarse de colores. quizas ahi se reconcilien con su dura vida, manifestando y revindicando desde un profundo orgullo la liviana gravedad de su existencia. Los que no pueden con ello y anhelan una television terminan, a menudo, alcoholicos. Como en Dersus Zala, el agua es gente,los arboles son gente, la montaña es gente,... los indios son montañas, arboles y rios; y estos acusan la sequia o la tormenta y se enternecen con sus emociones cuando el hambre y el hombre blanco no les hacen la puñeta. Acuerdate de como son los africanos en "Ebano" del maestro polaco.

Jorge Bonilla dijo...

Te siento muy cercano, pero no acabo de saber quién eres. Me tienes en ascuas y eso supongo que te da gustillo, cabrón, perdón, Grillo. Un beso

azuvil dijo...

No lo entiendo muy bien, qué/cual es tu problema. ¿Constatar la imposiblidad de comunicarse?
¿Con una tribu indígena?
Pensabas que serías capaz de despertar su interés, el de un niño, –lo más vivo de la tribu? De transmitirles tu necesidad de comunicación?
Puede entrar, señor sociologo, señora Mead, entrar y ver, analizar y publicar, puede sobre todo comprar y no nos pida mucho más.
Ni entendemos sus señales ni nos interesan.
Pero eso te puede pasar en el metro, cualquier día. Hay muchas tribus inaccesibles.

Miguel dijo...

Concuerdo con lo que dice "azuvil".
En el Perú, por ejemplo, tanto el "indigenismo" como "el problema del indio" son una corriente literaria y un trauma de los "blancos".
No han sido los "indios" los que se han preocupado por entender a los "blancos", sino al revés.
De todas formas, ¿te quedarían ganas de darle señales pa' que te entienda a alguien que no es como tú pero sí se parece a los que han puteado a tu familia y a tu gente durante generaciones?
Es como si dentro de 100 años un israelí hablara sobre su problema con los palestinos: "la verdad, no los entiendo..."
En fin, la cosa es mucho más complicada de lo que parece, y el "problema con los indios" también lo tenemos los mestizos (sobre todo cuando los "indios" ya no quieren trabajar en las malas condiciones que queremos imponerles); los mestizos que estamos sentados entre dos sillas y que a veces nos gustaría quitarnos lo indio para ser más modernos; aunque a veces luce bien lo "autóctono" para destacar entre los modernos como "poseedores de un saber ancestral".
Pero todo eso tampoco les importa a ellos, los que sólo son lo que son y que por serlo están y son marginados.

Miguel (el ex muerto)

Jorge Bonilla dijo...

Supongo que debatiremos tranquilamente sobre el tema cuando llegue al Perú. Todo es más complejo, efectivamente, y quizá yo no he sabido expresarlo bien, pero hay algo más, no sé el qué, de lo que vosotros comentáis.

marion dijo...

me ha parecido muy difícil hacer un comentario, por eso me he abstenido hasta ahora, aunque algo dentro de mí sí me lo pedía. Desde entonces, lo que me pregunto es: Si yo me fuera a vivir con los tarahumaras unos meses como lo hizo antonin artaud allá en los años 30 (o 40?) y vuelvo a Europa y me ingresan en un psiciátrico ¿es por la experiencia transgresora o porque siempre he estado loca?
en fin, es mucho más complejo. Ya lo habéis dicho. De todos modos, prepárate, porque te vas a encontrar un sinfín de veces con tu "problema" ya que tu camino (panamericano) está lleno de "tribus" indígenas.

Jorge Bonilla dijo...

A ti por loca, seguro. Además no te admitirían porque si quieres organizarles o hacerles trabajar a tu ritmo acabarían suicidándose. Por cierto el peyote, razón por la que fue artaud está proscrito desde hace unos años en la tribu. ¿Sera porque los usan también los blancos?

marion dijo...

como no has renovado tu blog en algunos días, ya estaba preocupada, pero veo que sigues en tu trayecto, tan "smart" como siempre, lo cual me alegra. Aunque Artaud es el hombre más atractivo que he visto (en aquella foto maravillosa de man ray) desde luego, a mi no me interesa el peyote, más bien me interesaba el lado lingüístico (deformación profesional)
Y me he quedado con algo que he leído (y me gustó): Su lengua (la de los raramuri) es dulce, pues ellos son gentiles. No tienen palabras ni actos agresivos. Todo lo hacen con poesía: "te saludo con la paloma que gorjea, te deseo salud y felicidad con los tuyos".
Pues eso, te digo.

Mariajo dijo...

Me abstengo de opinar.
Sólo voy a decir que se me ponen los pelillos de punta y el alma me encoge cada vez que te leo... ¿será que soy también viajera (como dice Juan Megatrix) a través de tí, o será la envidia?
Un besazo
Mariajo.

Anónimo dijo...

Espero aun los alcance señores. Los autóctonos(dueños de una casa que no les dejan sacudir, ni reparar, ni de consolación ensuciar, solo hacinadamente o suburbanamente habitar)es gente que padeció la invación de los europeos, padeció con los nietos de los europeos, aclaro, no soy xenófobo pero recordemos que éran hombres que vinieron a buscar riquezas a costa de todo y todos.Los autócctonos Son prostituidos por: PARTIDOS POLÍTICOS,POLÍTICOS, OTROS AUTÓCTONOS, EL GOBIERNO, LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y SUS SOCIOS COMERCIALES, la religión. ¿SUPO USTED LO QUE LE HICIERON LOS SOLDADOS(TAMBIéN autóctonos, PERO ENAJENADOS)a la sra. de 60 y tantos años también autóctona, de la sierra de Zongolica en Veracruz México? la violaron multitudinariamente y hasta el ombudsman solapó el delito, ni que decir del comportamiento de otros Funcionarios del estado. Es gente que sufre racismo por parte de otros autoctonos que van a las ciudades en busca de trabajos de hambre y cuando la ciudad los escupe llegan resentido de ser lo que son, el o ellos desconocen la grandesa de sus antepasados, solo saben que son maltratados por el color de su piel, pero sobre todo por su procedencia. Disculpen las mayúsculas pero mi teclado esta vuelto loco. saludos y ¡que viajezote!le envidio.