lunes, 15 de octubre de 2007

Medellín. ya sé cómo quiero morir

Durante muchos años he creído que la mejor manera de morir era haciendo el amor, teniendo un orgasmo y que se acabase el mundo. Sé lo he dicho a mis amantes: ahora, después de estar contigo ya me puedo morir. Hasta hoy.
Hoy ofrezco una alternativa a mi muerte placentera, ya no pido follar, sólo pido tener al lado una mujer de Melledín, hablándome, contándome cualquier historia, banal o trascendental, da igual, que hable, que hable sin parar, pero que no deje de pronunciar ese sensual acento con el que entonan el español. Por favor! Jamás había escuchado algo semejante. ¿Es poesía? No lo sé, quizá sea sólo un encantamiento, pero deseo estar toda mi vida bajo los efectos de esa pócima. Nadie que no haya estado aquí lo puede entender, como no se puede tampoco comprender cómo es el desierto o la tundra si no lo has vivido. Es incomparable.

domingo, 14 de octubre de 2007

Estoy bien, estoy en Colombia

Estoy bien, estoy en Colombia©. Podía ser el eslogan de una campaña para atraer a gentes de todo el mundo a esta irregular tierra: nevados, valles, quebrados, llanos y costa configuran la oreografía, donde subir y bajar es lo más común. Es la Colombia de interior. Cada calle es más empinada que la otra, hasta provocar agujetas. Lo voy a patentar

Estoy bien, estoy en Colombia©. Es cierto. Estoy encantado, me he vuelto a reencontrar con el mundo y conmigo mismo. He vuelto a la ruta, estoy en ruta. Lo de Panamá fue un bache, ahora toca asfalto. Si os habéis fijado en Panamá no existen casi imágenes de personas. No podía. Pasaban en general como espectros ante mis ojos. No es su culpa. Mi cámara no les quería, prefería enfocar la fría visión de la arquitectura. Era un estado. Desde entonces tiro fotos como nunca, llevo 13 días.

Estoy bien, estoy en Colombia©. Por eso, porque estoy en Colombia, porque es tranquilo, limpio, moderno, atractivo, bello, interesante, culto, rumbero, acogedor, seguro, divertido, educado. Demasiado militar. Con un español precioso, embaucador, oir hablar a las mujeres de Medellín es sentir por toda la columna vertebral una descarga de placer. Es puro erotismo. Colombia, con los hombres, jóvenes y adultos más guapos, más cuidados que haya visto durante todo mi viaje, Su calzado…, su cabello, siempre muy cuidado. México, hoy, me parece antiguo.

Estoy bien, estoy en Colombia©

sábado, 13 de octubre de 2007

Cuentas finales Huracán Félix

Agradecimientos a los rezagados
Ellos también han sido parte del equipo y no podían quedar olvidados. Gracias a JI "el paraca", lo conocí hace 30 años y nunca más lo volví a ver, hoy ha reaparecido. A Mario y Noemi, a Poto y Merche, no me podían fallar. A Sergio de La Caixa, no se lo pedí pero decidió echar una mano. Gracias a SG y JBG, siempre amigos. A Jose y Ámparo, que ayudan cuando pueden. Gracias a Pablo que llegó tarde porque no le pagaban.

Y en especial a Verónica (donde el café es arte), la más emotiva, junto con la aportación de los seis niños, porque ella también lo necesita: porque es emigrante en Seattle, porque la cantidad que quería, quiere donar es demasiado grande para los ingresos exiguos de alguien que trabaja en el extranjero, porque la conocí un par de horas y ha confiado en mi. Le he dicho que no debería, pero para no herir su orgullo también le he indicado cómo hacer la aportación. Gracias Verónica.













Donaciones

37 cooperantes
Recaudados 2.348 euros
Una media de 63,45 euros, desde 10 hasta 200.

Donado
55.400 Córdobas, 2.060 euros entregados en efectivo
Padre: 34.500 Cor. (1.283 euros)
Madre: 6.500 Cor. (241,72)
Abuelo: 5.500 Cor. (204,53)
Nayda: 8.900 Cor (331)

Gastos
La Caixa ha devuelto las comisiones, 91,80 euros.
Otras entidades se han comido 105,25 euros en comisiones. Increible!!
Otros gastos menores han supuesto 59,85 euros, entre ellos 12 euros para una cena, a vuestra salud, con Nayda y su padre. Creo no haberme excedido.

Aún faltan por entregar 31,09 euros más los 91,80 de La Caixa
(122,89 euros), esto lo haré en Enero cuando le envíe a Nayda los seis meses restantes de la beca.

Gracias a todos

Con este capítulo se cierra una gran historia, un gran esfuerzo humanitario. Allí queda todo por hacer… También les falta iniciativa. No pueden depender siempre de la ayuda internacional. Por orgullo, por la emoción que supone que tu país, tu gente, vaya a mejor. Sólo por eso. Para mi un experiencia inolvidable, imágenes del horror, caminos impenetrables, gente encantadora. He llorado mucho, todos los días, a escondidas. Pero era un lloro de esperanza, era una liberación de tensión. He llorado rico.

He sido feliz con Nayda, mi Negra, mi ángel, me ha hecho pasar momento entrañables, he vuelto a sentir la capacidad de amar, curioso que eso se pueda olvidar, que la falta de uso, la desgana, el asumir esa responsabilidad pueda ser tan complicado. De alguna forma mi relación con Nayda me ha reconciliado de nuevo con el sexo opuesto. El primer intento fue con EH, fue un acercamiento. Cosas que pasan.

jueves, 11 de octubre de 2007

Excursión a El Canal de Panamá

Con mayúsculas, porque se lo merece! Me obligué a ir. Fui porque hay que ir. Es una gran obra del tesón humano. Y de la inteligencia. Ingeniería de principios del XX que sigue funcionando, las compuertas de las esclusas siguen siendo la originales. Es posiblemente la mayor fuente de ingresos de Panamá, directa e indirectamente. El Canal es una joya, no cabe duda.

Un poco de historia
En 1534 Carlos V encargo un estudio para ver la viabilidad del proyecto: un canal que uniese el Atlántico con el Mar del Sur, así llamado por entonces. Imposible. Los franceses a finales del XIX lo intentan, pero las enfermedades tropicales, los derrumbes y una mala gestión les hacen fracasar. Dos veces. Los gringos toman el relevo en 1904, pagan a los franceses lo que hicieron y la terminan en 1914. Les perteneció hasta las doce del mediodía del 31 de diciembre de 1999. Desde entonces es 100% panameño.

La medicina, esa gran aliada
Digamos que a los franceses se les murió tanta gente que no pudieron seguir, en su mayoría emigrantes caribeños, pero a principios de siglo el cubano Carlos J. Finlay descubrió que la fiebre amarilla provenía de un mosquito. Los gringos lo interpretaron, tomaron medidas civiles y sanitarias: empedrar calles, poner rejillas en las ventanas y construir hospitales antes de ponerse a trabajar. Se les murieron menos.

Cómo funciona en cinco líneas
Muy fácil. Entre los dos mares hay, en medio un terreno con un enorme lago a 36 m más de altura, para pasar de un lado al otro hay que salvar ese desnivel. Para ello se sirven de una piscinas gigantes con unas grandes puertas que si el barco tiene que subir se llenan de agua y pasan al nivel superior. Así pasa del mar al lago y del lago al mar. Así de fácil.


La visita
Aquello no es un trasegar de barcos, aquello tiene su ritmo, por la mañana van en una dirección y por la tarde en otra. Atlántico, Pacífico. Y depende de la hora te toca esperar. A mi me tocó. Me vi una peli sobre la historia. Tome varios cafés y comí. ¡Ya llega el barco! Avalancha, ¡a la terraza! Los mejores puestos ya están ocupados. Me sitúo en la tercera fila, los brazos delanteros ciegan mi cámara. El American Highway va a pasar y no voy a tener la instantánea. La batería se acaba. Mierda.

Todos pagamos el Canal
Es tal la cantidad de barcos que utilizan este paso que cualquiera de nosotros ha consumido algo en su vida que ha utilizado esa ruta en lugar de bajar hasta el Cabo de Hornos. Un carro, una bolsa de plástico, una banana, da igual. En el precio que paguemos por ese producto hay un tanto por ciento que va destinado a las arcas de Panamá. No es barato cruzarlo, pero es más caro por Hornos. Las navieras lo único que hacen es transferir el dinero que nosotros abonamos por el producto. Pero igual pasa con lo que se fabrica en Sevilla y se consume en Barcelona.

lunes, 8 de octubre de 2007

Ciudad de Panamá, ciudad de paso

He tenido pereza, llevaba un par de semanas bajo, no quería escribir, no hacía fotos y el humor lo notaba ligeramente amargado. Uno no deja de ser lo que es, aunque esté de viaje. Algunos días vas sobrado, otros son de tránsito y el resto estás perdido. Panamá así ha sido. Ha sido una etapa de descompresión. Desganado, cansado y confuso.

Me pierdo muchos amaneceres, me levanto tarde,. Me acuesto tarde. Pierdo una luz interesante, la mejor para fotografiar, dura más, es más lenta que la de la tarde, el contraste es más perdurable. Hacia la ciudad de Panamá salí pronto y sentí esa luz. Luego dormí en el bus.

¡Por fin una ciudad!
Ya se ve desde lejos, el cruce del canal y el skyline panameño, hacía mucho que no veía tantos rascacielos, desde los EEUU. Me satisface, pero al mismo tiempo no sé qué coño hago aquí, estoy perdido… Paso horas en el hotel sin hacer nada. Enciendo el televisor, hasta ahora no lo había hecho con conciencia. Y sigo pensando qué pinto ahí.

Panamá suena bien, me parece una bonita palabra, con dos connotaciones claras: el Canal, con todo lo que implica y el movimiento de dinero. Sigue siendo así. Seguro que hay más cosas, bananos, café, pero esa ciudad, ese país, viven esencialmente de ese majestuoso corte en la tierra inundado de agua y de la actividad bancaria. Con un crecimiento enorme de población extranjera, –desde el año de 2002 a 2005 han establecido su residencia en el país 25,000 canadienses, 300,000 colombianos, 15,000 hebreos–. De los colombianos se habla mal, ¡que raro!, se temen sus billetes… falsos.

Unos integrados, otros a su rollo
Sociedad muy mezclada, la gran cantidad de mestizaje, no hay símbolos claros de racismo, uno en Bocas, negro como el tizón, se extrañaba de que en una regíón X aún hubiese gente que es racista. La clase media también tiene color. Es la primera vez desde que entré en Centroamérica que veo burguesía. Es muy extraño, os lo prometo. Para mi es un nuevo mundo.

Por otro lado están los indígenas que mayor o mejor acierto siguen sus tradiciones. En la city es normal encontrarse a mujeres Kuna, con ropas de vivos colores, piernas cubiertas de abalorios y con ¡pelo corto!. Tened en cuenta que desde México hasta Panamá no existen las mujeres con ese corte. 20, 30 máximo. Es el primer grupo étnico que encuentro en que las mujeres nos porten largos cabellos. Verlos entre los rascacielos es como estar en NY y ver a indios apaches paseando por Wall Street. ¿Por qué no? Pero son los pobres de esta tierra que alguna vez fue suya.

¿Pro gringos o contra gringos?
A los Ticos les gustan lo gringo, a los panameños no tanto, le han jodido durante casi un siglo, también les han dado riqueza. Tienen esa contradicción. Tienen moneda propia, el Balboa, que realmente no existe por que se paga en dólares, con la efigie de Washington, pero te dicen 7 balboas y tú pagas 7 dólares. La monedas fraccionarias se reparten entre los centavos gringos y los centavos, ahora sí, de balboa. Son iguales. Da igual.



Dos paseos
De día. El Casco Antiguo. Bonito, destrozado, recuerda a la Habana Vieja, guardando las diferencias. Se mezclan casas renovadas con edificios huecos y otros destrozados. Una pena. Podría ser precioso. Hay que ir en taxi, me aconsejan, hay que pasar por un barrio palero. !Hay como exageran!

De noche. Panamá Viejo, ruinas. Del XVII, destruida por sus habitantes ante el ataque del pirata Morgan. un simpático policía me la enseñó de estrangis con el consabido parlamento épico de la ciudadela. Luego me fui a cenar y a una disco.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Bocas del Toro, Panamá, un bonito lugar para turistas

Entré a Panamá por la zona tica del Caribe. Por un puente, por unos railes del viejo tren bananero. Directo desde San José, bueno, con taxi y lancha hasta la isla. Porque Bocas del Toro es la capital de una isla, Colón, y parte de un archipiélago de bonitas playas blancas y cocoteros. Partí de Managua, donde pasé un par de días con JE y AJ, comí tortilla, croquetas y almejas en salsa verde; rico. Noche en San José, tercera vez, tercer hotel y de nuevo mucha prostitución; no salí. En BdT fueron cinco días tranquilos donde salió lo peor de mi, sólo mentalmente, ante una estafa.

Población. La actitud ante la vida
Mayormente africano- jamaicana- caribeña: negros. Así se llaman ellos mismos. Se parecen a los de Corn Island. Altos, grandes, con enormes traseros que no esconden sino todo lo contrario, lo destacan. Orgullosos y bravos. Luego están los morenos, los indígenas, los guaymies, población precolombina: de estatura baja, tez morena, pelo lacio, vestimenta conservadora comparada con los negros, y acomplejados, son la clase más baja en el estatus social. También hay blanquitos, mestizos, criollos y chinos.

Un turista más
Es lo que pasa cuando vienes a lugares como estos, dejas de ser un viajero y te conviertes en un número más en la lista de visitantes. BdT y las islas que la rodean son preciosas, puedes ver miles de cocoteros, tortugas, ranas, delfines, darte un baño en aguas cristalinas y playas semidesérticas. Si tienes suerte y la lancha tiene gafas también puede hacer bucear y ver los fondos submarinos. Por la noche puedes cenar en un bonito restaurante con vistas al mar.

Flash
Todo cambia. Los carros se vuelven buenos, las calles sin charcos, aceras, arcenes, la vestimenta, los cortes de pelo, tiendas repletas con precios competitivos, ofertas, iluminación nocturna, neones. Lanchas potentes, hoteles cuidados. Y turistas, muchos turistas. Ese es realmente el primer flash: en Puerto Cabezas los únicos blanquitos que había se dedican a laboras humanitarias… o divinas. Otro flash, los precios, claro acostumbrado a Nicaragua donde dan risas aquí todo me parece carísimo, lo cual tampoco es cierto, pero ya pagas en dólares y se nota.

Por qué odio los lugares turísticos
Muy sencillo porque siempre intentan darte el palo y como uno no puede estar pendiente de todo algunas veces te los dan. Primera: tarde de la tarde, joven te acompaña a hotel, te ofrece mota (monte le llaman) y muchachas a buen precio, $ 30 la noche, a lo uno digo que sí a lo otro no. Viene con el material y me da por $ 20 una miseria, encima le doy propina por el servicio. Segunda: mientras ceno viene uno y me ofrece monte, se va, vuelve y veo que la cantidad es el doble que la anterior, me parece muy clara y limpia, "es que quitamos las semillas" , ok. Le pago y sale zumbando, me voy a la habitación, ¡es orégano! Juré en hebreo, me insulte. Le busqué. Lo encontré. Le insulté: eres un puto chorizo, qué es eso, pues ladrón hijo de puta. Ni se inmutó. Le amenacé, por la noche le robe un ron, no le gustó. El resto de los días me estuvo huyendo.
Tercero: el chino, los supermercados son de los chinos, me quería vender los plátanos a cuatro veces el precio normal. Cuarto: el de la lancha, pagamos unos israelíes y yo la ida y la vuelta a una islita preciosa, Red Frosh. A las cuatro nos recoges. Vale. El hijo de puta no apareció, tuvimos que pagar otra lancha de vuelta. Entendéis por qué los odio. En cinco meses no me habían dado tanto palo.

Cuidado donde miras. Las cucarachas
Vi a una muchacha, la miré porque era bonita, iba acompañada de dos amigas y desapareció. Conocí a un actor mexicano y platiqué con él. Viene uno y me dice, oye, que hay una muchacha allí que le pareces muy guapo y está interesada en ti. Claro, la de antes. Le digo, si te envía a ti quiere decir que va a querer plata para conocerme, con lo cual no me interesa. Lo intenta de nuevo. no, gracias, que ya nos veremos. A la muchacha no le gustó nada, la encontré por la noche, acompañada de un alemán, y me miraba feo. Sus amigas también. Cucarachas, así las llaman, procedentes de Colombia.

Noche de disco sobre el agua, estoy parado (de pie), miro hacia la pista, encuentro una mirada. Ya está, error. A los dos minutos la tengo a mi lado, la ignoro, se cansa y se va. La observo, le entra a otro hombres. Vuelve al rato, paso de ella. Se va. Viene de nuevo y por fin se dirige a mi. Hola, está solo… quieres que te acompañe. Cuál es tu tarifa. Yo no cobro, pero me puedes hacer un regalo; Qué regalo. Pues por $ 20 te puedo hacer muy feliz. No, gracias, nunca lo he hecho. Pues alguna vez tendrá que ser la primera. y si quieres me quedo un ratito o toda la noche. Me da la mano y empieza a acariciarme: qué, entonces me quedo contigo. No, gracias. Bueno me das un dólar. No, de verdad que no.

Cómo reconocer a los israelitas
Hasta ahora no los había encontrado, y los extrañaba. En otros viajes a Latinoamérica siempre estaban ahí. Si van solos cuesta reconocerlos, es casi imposible, por su vestuario occidental pueden proceder de cualquier lugar, pero cuantos más vayan más fácil resulta no equivocarse; por su hetereogenidad, por sus diferencias de color, tamaños y constituciones corporales. Algunos son rubios, otros morenos, pelos lisos o muy rizados. Unos parecen árabes, otros alemanes. Debía haber buenas ofertas en Israel: aquello estaba lleno, me recordó a Costa Rica con lo españoles. Un hervidero.